lunes, 27 de octubre de 2014

Dos Comandantes: mártires de Cuba y de la América.

Por: Ms. C. Enma Colina Bruzón.

Le pido permiso al martirologio de la historia para hablar de usted: Camilo Cienfuegos, símbolo de la juventud revolucionaria de la Cuba insurrecta, rebelde e inclaudicable, del Granma, de la Sierra Maestra, discípulo de Fidel, amigo entrañable del Che Guevara, con quien estableció lazos  muy fuertes de solidaridad, hermano de batallas, de la vida y del humor, sí, porque a Camilo le gustaban las bromas con el Che que era serio y respetuoso, el cubano era el único que se atrevía a bromear con el argentino de regio comportamiento. El sombrero alón y su lacia barba, eran rasgos de su personalidad inigualables, entre los miembros de la tropa encabezada por nuestro líder Fidel Castro, dispuesto y atrevido, desafiaba la muerte en cada enfrentamiento al ejército batistiano, así se ganó los grados de comandante y la responsabilidad de estar al frente de una de las tropas en  la invasión a occidente.

Dos comandantes del Ejército Rebelde, de la vanguardia revolucionaria cubana en la segunda mitad del siglo XX, valientes aguerridos, juntos se fueron a liberar  la Cuba oprimida, dos batallas los convirtieron en héroes en la lucha por la definitiva independencia de la isla, Santa Clara a Ernesto y Yaguajay  a Camilo. Al triunfo de la Revolución llegaron victoriosos a la Habana, en aquella caravana de la victoria el 8 de enero de 1959, en acto público Fidel le pregunta a Camilo: Voy bien Camilo y este le responde vas bien Fidel, otra anécdota sobre el jefe de la Revolución cubana, es: cuando se encuentran un grupo de compañeros escuchando la pelota y estaba hablando Fidel, Camilo con la responsabilidad  que tenía por delante llama la atención a sus colegas y les dice: que cuando hablara el comandante había que escucharlo y eso era lo más importante.

En una ocasión organizaron un juego de béisbol  y a Camilo le tocaba jugar en el equipo contrario a Fidel y este dijo: en contra de Fidel ni en la pelota, así fueron varias las posiciones de Camilo de incondicionalidad al Comandante en Jefe y a la Revolución. Su protagonismo elocuente al enfrentar la oposición dentro del proceso revolucionario, fue su enfrentamiento y captura de Hubert Matos, en el Camagüey, a su regreso a la Habana, ocurre el fatídico accidente que le cobrara la vida al guerrillero que denominó Fidel Hombre de pueblo y expresó: en el pueblo hay muchos camilos.


Dos días antes de su desaparición física el 26 de octubre de 1959, pronunció un discurso que enardeció de euforia al pueblo de la Habana y concluyó con la última estrofa de los patrióticos versos del poema de Bonifacio Byrne: Mi bandera, coreado por la inmensa multitud, aun se sienten sus palabras cuando dijo: Si desecha en menudos pedazos/ Llega  ser mi bandera algún día /Nuestros muertos alzando los brazos, /La sabrán defender todavía.

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